DE GUERRA EN GUERRA

Los escenarios de conflicto se multiplican, sin que pueda discernirse una solución a corto plazo. La tensión creciente entre Estados Unidos y Rusia vuelve a elevar la temperatura de una paz enferma, postrada, incapaz de sortear esta espiral de sinrazón. A las guerras más o menos convencionales que tienen lugar en Donetsk, Lugansk, Nagorno Karabaj, Mosul y Jan Sheijun, debe añadirse el terrorismo. La ciudad egipcia de Tanta es la víctima más reciente de un odio que ya golpeó Londres y Estocolmo. Así las cosas, solo cabe hacerse una pregunta: ¿En cual de estos eventos nos veremos arrastrados a una conflagración mayor?

   No deja de ser paradójico que en el centenario de la Primera Guerra Mundial, la humanidad esté cometiendo los mismos errores. Antes del fatal atentado que costó la vida al archiduque Francisco Fernando y su mujer, una serie de conflictos, en apariencia limitados, se venían produciendo en la región. Entre 1912 y 1913 la llamada Liga Balcánica, una alianza formada por Bulgaria, Montenegro, Serbia y Grecia, protagonizó dos guerras con el decrépito Imperio Otomano. Poco antes había estallado la guerra Italo-Turca, en septiembre de 1911, por el control de Libia. Aquel año fue particularmente tumultuoso, ya que se desató la Segunda Crisis Marroquí entre Francia y el Imperio Alemán. Sin embargo llovía sobre mojado, pues la independencia de Bulgaria en 1908 había dado lugar a otro conflicto diplomático, que se complicó con la anexión de Bosnia-Herzegovina por parte de Austria. No se hizo necesario el uso de las armas pero fue precisa la intervención de numerosas potencias, entre ellas Gran Bretaña y Rusia, para taponar la herida. Circunstancias similares concurrieron en otros tantos enfrentamientos: Crisis de Tánger o Primera Crisis Marroquí (1905-1906), Guerra Ruso-Japonesa (1904-1905), Incidente de Fachoda (1898),… Si la Gran Guerra se produjo por la concatenación de pequeños acontecimientos, ¿Corremos un peligro similar en la actualidad?

   El desarrollo de instituciones internacionales es fundamental para mantener el equilibro entre las naciones, no así las armas de destrucción masiva, cuyo poder “disuasorio” supone una invitación permanente al conflicto. Deberíamos ser conscientes de que la presente acumulación de guerras puede originar situaciones potencialmente ingobernables. Por todo ello la sociedad civil debe ser exigente, e incluso partícipe, en los procesos de pacificación. También cabe apelar a su responsabilidad, evitando encumbrar liderazgos beligerantes. Impidamos que la guerra forme parte del paisaje de nuestro tiempo.

http://www.noticiasdenavarra.com/2017/04/13/opinion/cartas-al-director/de-guerra-en-guerra

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