NAVARRA Y EUROPA, UN RETO COMÚN

El 7 de diciembre de 2015 el presidente del Consejo Europeo Donald Tusk remitió una carta a los socios europeos, en la que remarcaba la necesidad de “estar unidos y ser fuertes, en nuestro interés común, y en beneficio de todos y cada uno de los Estados miembro de la UE”. La amenaza del Brexit motivó aquellas palabras, y a pesar del desenlace, su esencia es perfectamente compatible con el momento actual.

El colapso económico de 2008 no solo puso en peligro nuestra posición en el mundo, sino que amenazó la supervivencia misma de la Unión. Desde entonces hemos ido abordando tareas pendientes como la gobernanza económica o el papel del Banco Central Europeo. Pese al camino que nos queda por recorrer, las instituciones europeas se encuentran más preparadas que nunca para afrontar los retos de la globalización. Además, existen factores que juegan a nuestro favor. En primer lugar el precio del petróleo se ha mantenido relativamente bajo, debido al exceso de oferta en el mercado. El fin de las sanciones a Irán y la proliferación del fracking, están detrás de este beneficioso fenómeno. En segundo lugar el crecimiento de la economía mundial ha sido sostenido, aunque eso sí, discreto. En julio de este año el Fondo Monetario Internacional pronosticaba un aumento en tres décimas de la producción mundial para el próximo año. El verdadero problema son las aventuras políticas como la británica, que ponen “un palo en la rueda” tal como afirmó Maury Obstfeld, Economista Jefe y Consejero Económico del FMI. En el tercer puesto encontramos al siempre cuestionado euro, cuya oportuna pérdida de valor frente al dólar allana el terreno a nuestras exportaciones. Pero no todo es coyuntural. También desde Bruselas se han tomado decisiones acertadas, implementando la reducción de tipos de interés (a 0% desde el mes de marzo) y la compra de deuda soberana a largo plazo (80.000 millones al mes hasta 2017). Queda claro que aún no hemos llegado a la meta, pero tampoco podemos ignorar las pequeñas oportunidades del presente.

    Además de las expectativas materiales, la cohesión social e institucional suponen un elemento clave en la planificación de nuestro futuro. Por desgracia, los ejemplos de indisciplina se vienen sucediendo en el seno de la UE. Hungría y Polonia rechazan refugiados, Francia restringe el espacio Schengen, Irlanda se resiste a multar a Apple, Bulgaria pide el fin de las sanciones a Rusia,… ¿Cómo plantaremos cara al terrorismo, guiaremos nuestra política exterior o defenderemos los Derechos Humanos, si cada uno va en una dirección diferente? Existe, no obstante, un principio de solución. El pasado mes de septiembre jefes de Estado y de gobierno se reunieron en la capital de Eslovaquia, Bratislava, con el fin de tranquilizar a la opinión pública continental. En su declaración podíamos leer: “Si trabaja unida, la UE de los Veintisiete tiene los medios para afrontar estos desafíos”. En efecto, muchos de los contratiempos y derrotas que hemos sufrido en este proceso, se deben a la presión ejercida por determinados intereses particulares. Ya en 1955 el ex-canciller alemán Konrad Adenauer realizó un brillante diagnóstico sobre este particular: “Considero que la distorsión de la idea del Estado-nación y el crecimiento de los dogmas nacionalistas han sido el principal obstáculo hasta ahora”. A estas amenazas hemos de sumar la del desencanto social, cuyas frustraciones cristalizan en propuestas abiertamente disolventes. Empeñados en dar marcha atrás al reloj de la Historia, proliferan los discursos en los que la ruptura adquiere categoría de virtud. Ya sea la salida del euro o la desaparición definitiva de la Unión Europea, nos encontramos frente a un fenómeno reaccionario, incapaz de proponer soluciones constructivas. En ellas el factor identitario juega un papel vertebrador, convirtiendo la antítesis en alternativa. Pero no nos dejemos engañar, el pensamiento netamente progresista no recula frente a los problemas sino que los supera.

    Como europeos, los navarros estamos sometidos al mismo tipo de contradicciones. Según el último informe de la asociación civil CoCiudadana, la confianza en las instituciones y organizaciones sociales es escasa. Por contra, la imagen de la Unión Europea “no sale mal parada”. Nuestra relación con Bruselas comenzó tras la integración efectiva de España a la Comunidad Económica Europea en 1986, año en el que empezaron a fluir los primeros fondos estructurales. Los programas FEDER y FSE han supuesto un impulso decisivo para el desarrollo socio-económico de Navarra, mejorando la calidad de vida, la competitividad de nuestras empresas y naturalmente el empleo. En el plan estratégico 2014-2020 la Comisión Europea pone a disposición de estados y regiones un total de 450.000 millones de euros. Estas políticas de inversión ofrecen respuesta a un gran número de desafíos, trascendiendo lo puramente mercantil. Hablamos de proyectos tan diversos como la sensibilización social, la diversidad cultural, el cambio climático o la igualdad. A pesar de una trayectoria tan exitosa, ¿Sucumbiremos a la eurofobioa? Ojala la respuesta fuera sencilla, o mejor dicho, rotunda. El pasado 18 de marzo la mesa del parlamento regional decidió retirar la bandera de la Unión Europea. Este tipo de gestos evidencian, de manera inequívoca, hasta que punto están calando las formas del populismo en nuestra comunidad. Aunque no nos demos cuenta, arriar la enseña europea supone dar la espalda al marco de garantías y libertades que decimos defender (Convención Europea de los Derechos Humanos, Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, Carta Social Europea…). Otro efecto colateral se añade a este comportamiento, pues mientras Bruselas siga siendo la gran culpable, los estados miembro seguirán quedando libres de toda culpa. No fue Europa la que ordenó levantar alambradas ni desmantelar campamentos con gases lacrimógenos.

    Ante la inquietud que nos genera el porvenir, nuestra mejor baza es la unidad. Si fuimos capaces de levantar una sociedad en ruinas y de transitar por el camino de la democracia, imaginemos lo que aún está por llegar. El miedo y la exclusión nos debilitan, convirtiéndonos en presa fácil de la adversidad.

imgp7165

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s