CARAS DEL PASADO

La victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, confirma que vivimos en una época donde lo impensable se hace realidad. No hablamos de simples cambios, sino de auténticos terremotos políticos. Para frenarlos hacemos uso de un pensamiento mágico según el cual, las caras del pasado bastarán para salvar la situación. Funcionó con Gordon Brown en el referéndum escoces, sí, pero no pudo evitar el tsunami del Brexit. Ante el advenimiento de la extrema derecha norteamericana, los demócratas colocaron a Hillary Clinton, otro rostro ajado del établissement incapaz de generar ilusión. También en Europa estamos coqueteando con la derrota, pues ni las Ángela Merkel ni los François Holllande están en disposición de contrarrestar los movimientos xenófobos. ¿A caso no hay mejores candidatos entre las filas de los partidos tradicionales? En este clima de estancamiento Trump emerge como la auténtica novedad, como la voz fresca que denuncia los vicios del sistema.

    Hay varias causas que explican este desgaste, pero a mi entender, la falta de relevo generacional es la más destacada. Desde Túnez a Kiev hemos visto brotar un reguero de movimientos juveniles/sociales en los últimos años, dispuestos a todo con tal de tener su oportunidad. Si la nuestra (los nacidos los años 70 y 80) es la generación mejor formada, ¿Por qué seguimos sin encontrar acomodo en este siglo? Un nuevo “sesentaiochismo” se está abriendo paso en las urnas occidentales, dispuesto a poner fin a la endogamia. Hasta ahí todo bien, pero hemos de reconocer que la alternativa sigue sin estar clara. Prender fuego al sistema con decisiones arriesgadas es una solución poco aconsejable, además de cortoplacista. Precisamente por ello la democracia debe someterse una terapia de rejuvenecimiento, actualizando equipos y estrategias. Un ejemplo: ¿Podrían el Real Madrid o el F.C. Barcelona seguir ganando títulos, con la misma plantilla de hace viente años? ¿Tendría sentido alinear hoy a Raúl González o Ronald Koeman para una gran final? En absoluto. La posición preeminente de ambos clubes viene dada, entre otras cosas, por su continua renovación. Ésta se basa además en la excelencia (deportiva), una cualidad muy apreciada a la hora de seleccionar su personal.

    Cambiar las caras para seguir cosechando triunfos no solo es deseable, sino factible e incuestionable.

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