EL DESAFÍO DE LOS REFUGIADOS

La agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) despidió 2015 con un amargo regalo, al hacer públicas las cifras de refugiados llegados a Europa durante todo el año: 1.000.573. Así es, lejos de haber cerrado este drama, las consecuencias de la violencia y la miseria amplifican las limitaciones de nuestra política exterior. Grecia (vía Turquía) e Italia (vía Libia) son los pasos preferentes de una marea humana insensible a las medidas de seguridad tomadas en el viejo continente. No importan los muros que se levanten en Hungría, las cuotas que se regateen en Bruselas, o las patrullas militarizadas que merodeen por Lampedusa, el resultado sigue siendo el mismo.

A la luz de esta nueva información, aquellos 160.000 refugiados que pactamos acoger en el mes de septiembre se quedan muy lejos de las necesidades reales. Por otro lado, y sin medidas adicionales a la vista, el invierno ha llegado. ¿Cuáles son las condiciones en las que se encuentran estas personas? Pero no debemos ser pesimistas, a pesar de la evidente caducidad del reglamento de Dublín, nuevas iniciativas despuntan en el horizonte. La posibilidad de crear un visado humanitario o el implemento de programas que regulen las migraciones en origen, pueden contribuir a poner orden en esta auténtica avalancha. Sin embargo casi todo sigue en el papel, y poco se ha logrado sobre el terreno.

En el trasfondo de todo esto encontramos siempre al mismo protagonista: la guerra. La más noticiable se está librando en Siria, pero hay otras heridas en la región que siguen abiertas. Libia se ha convertido en un agujero negro donde las armas aún no han callado, y lo mismo podemos decir de Sudán del Sur, una joven república ajada ya por un baño de sangre. Otros puntos calientes se concentran en torno al Sáhara, desde la dictadura eritrea hasta la guerra en Malí, pasando por la interminable ofensiva de Boko Haram en Nigeria, los coletazos de Al Shabab en Somalia o el conflicto de la República Centroafricana. Todos, de un modo u otro, pugnan por salir de etas ollas de sufrimiento y alcanzar las costas del norte de África, alimentando por el camino el lucrativo negocio del tráfico de personas.

Convertir a Europa en una fortaleza no aliviará la presión, por eso se hace necesario establecer estrategias colaborativas y permanentes de carácter trans-regional que eviten la propagación de conflictos, en vez de enfocar los problemas país por país como compartimentos estancos. A problemas globales soluciones globales.

http://www.noticiasdenavarra.com/2016/01/06/opinion/cartas-al-director/el-desafio-de-los-refugiados

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