CONFLICTO GENERACIONAL EN EUROPA

De nuevo, una capital europea se ha lanzado a la calle para visibilizar su profundo desacuerdo con uno gobierno inoperante que, blindado en la negligencia y la corrupción, ha terminado por destruir las esperanzas de una sociedad que comenzó su andadura democrática en 1989. Este retrato tan familiar, viene a sumarse a otras protestas surgidas en nuestro continente. El mejor testimonio de esta interconexión son sus reivindicaciones. El primer Maidán que ocupó las calles de Kiev a finales de 2013 tenía un mensaje parecido al de Bucarest, aunque fue progresivamente olvidado a medida que avanzaba el conflicto civil. Todos recordamos a aquella joven ucraniana que nos resumía su pensamiento a través de un vídeo: “Queremos ser libres de los políticos que trabajan para sí mismos”. Este es también el objetivo de quienes han provocado la caída del primer ministro rumano. Pero… ¿Cuál es su verdadera trascendencia?

     El mayo francés de 1968 respondía precisamente a esta cuestión, pues entonces la regeneración de esquemas intelectuales se impuso a cualquier aventura personalista. En los últimos meses hemos aprendido que el surgimiento de nuevos partidos es una meta más bien confusa, pues existen tantas formas de entender la indignación como ciudadanos hubo en nuestras plazas. Se hace difícil, por no decir imposible, sintetizar en un único programa la naturaleza de un movimiento tan amplio. Algo parecido sucedió en Serbia entre 1998 y 2000, cuando un movimiento de origen estudiantil llamado “OTPOR” precipitó la caída de Milósevic. Sin embargo su paso a la política fue decepcionante. Pese al apoyo registrado en las manifestaciones, no obtuvieron representación parlamentaria, pasando alguno de sus líderes a engrosar las filas del Partido Democrático (socialdemócrata, fundado en 1990). Sin embargo este fracaso en las urnas no liquida en absoluto su legado, pues contribuyó a romper con la tendencia aislacionista de la política serbia tras la muerte de Tito.

     Estamos frente a un conflicto eminentemente generacional, en el que una vanguardia juvenil viene reclamando la regeneración de un sistema dónde las dotes de un político se miden por su capacidad de supervivencia, no de gestión. En dicho contexto, la corrupción no es sino un síntoma del obstruccionismo cuyo único objetivo es servirse a sí mismo. La mejor manera de contribuir al éxito de este movimiento, de asegurar su pervivencia, es dejar paso a los nuevos talentos, a los que traen con ellos un mundo nuevo con nuevas soluciones.

http://www.noticiasdenavarra.com/2015/11/09/opinion/cartas-al-director/conflicto-generacional-en-europa

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