HOMOFOBIA Y EUROPEÍSMO EN UCRANIA

Aunque la atención se vuelve a centrar en la escalada de los enfrentamientos en el este de Ucrania, no sería justo que violaciones a las libertades y derechos de otro tipo de minorías pasaran desapercibidas. En efecto, algunos medios de comunicación (pocos occidentales) cubrieron hace tan solo unos días la tumultuosa celebración del Día del Orgullo Gay en Kiev, plagada de disturbios y presiones políticas. Este tipo de sucesos son frecuentes en la Europa oriental, pero este caso resulta especialmente descorazonador al producirse en una sociedad que presume de europeísmo.

                Grupos de radicales pertenecientes a Svoboda y Pravyi Sektor, que capitanearon las revueltas del Euromaidan contra el gobierno Yanukovich, irrumpieron violentamente en la citada marcha con el lanzamiento de piedras y bombas de humo. Siete personas resultaron heridas, cinco de ellas policías, produciéndose además alrededor de 300 detenciones. Detrás de estos datos se esconde una realidad todavía más preocupante. La edición de 2015 del Orgullo Gay es la segunda que se realiza en la capital ucraniana, habiéndose celebrado la primera en 2013. Esto nos deja con un incómodo vacío en 2014 fruto de la prohibición impuesta por el alcalde de Kiev. ¿Y quién es el regidor de la ciudad? Su nombre es Vitali Klitschko, un afamado ex-boxeador que podría haberse convertido en presidente de Ucrania. Sus contactos políticos son de primer nivel, llegó a reunirse con Ángela Merkel en Berlín a principios de febrero del año pasado, logrando el compromiso de la canciller para hablar en su favor ante Bruselas. Las crónicas de aquellos días nos hablaban de “simpatía”, “sintonía” y “salida democrática a la crisis”. Pero el sonrojo no termina aquí, en abril de este año Klitschko recibió el Premio Adenauer de la ciudad de Colonia, a pesar de su acreditada falta de compromiso con los derechos civiles. No nos engañemos, las celebraciones de este año se han llevado a cabo gracias a sus organizadores, pues el alcalde de Kiev ha intentado cancelar el evento por segundo año consecutivo. Todo esto se hace aún más insoportable si recordamos la polémica desatada en Rusia con la famosa Ley de Propaganda Homosexual, y la brutalidad con la que son tratadas las parejas del mismo sexo. ¿A caso no nos rasgamos las vestiduras cuando la Duma aprobó por abrumadora mayoría una medida tan profundamente injusta? Desgraciadamente no somos objetivos a la hora de abordar este problema, pues la UE sigue estrechando relaciones con un país como Moldavia dónde varias de sus principales ciudades se han declarado “libres de gays”. ¿Por qué pasamos por alto conductas que serían inaceptables en París, Berlín o Madrid?

                Las reflexiones sobre estos acontecimientos son evidentes, sí, pero desde luego también lo es la falta de reacción de las autoridades europeas. Entonces ¿Qué significa ser europeo? Contamos con legislación suficiente como para responder a esta pregunta, y es que son muchos los documentos en los que quedan perfectamente definidos nuestros valores. El Convenio Europeo de Derechos Humanos por ejemplo, suscrito en Roma en 1950, tiene varios artículos dedicados al derecho al respeto de la vida privada y familiar, a la libertad de pensamiento, conciencia o religión, a la libertad de expresión y a la libertad de reunión y asociación. Este punto es especialmente interesante, en su formulación actual dice: “Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión pacífica”. Otro documento importante es la Carta Social Europea o Carta de Turín, creada en 1961 aunque reformada con posterioridad, dónde podemos leer cosas como esta: “Se garantizará el disfrute de los derechos reconocidos en la presente Carta sin discriminación alguna basada, en particular, en la raza, el color, el sexo, la lengua, la religión, las opiniones políticas o de otra naturaleza”. Queda claro que pertenecer a la Unión Europea o definirse pro-europeo, esta indiscutiblemente ligado a estos principios. Por lo tanto, debemos reconocer que existe un evidente problema con las libertades individuales en Ucrania, fundamentalmente ligadas a la libertad sexual. No es casualidad que fuera en Kiev dónde nació el movimiento feminista FEMEN, que no sólo reivindica un rol más activo de la mujer sino también lucha por la visibilización de la homosexualidad femenina, otro de los grandes tabúes de la sociedad ucraniana.

                La actitud de nuestros aliados del este certifica no solo la crisis material del proyecto europeo, sino una evidente descomposición moral. Cada vez con más frecuencia descuidamos aspectos de importancia capital, dependiendo de la parte del mapa en la que estemos. Ello es debido a una inconsciente mutación producida en nuestra agenda internacional, pues hemos pasado de un europeísmo clásico, de carácter progresivo y fundamentado en principios, a un voraz paneuropeísmo en el que prima la ambición económico sobre cualquier otra consideración. Quizás sea hora de pararse a pensar, de revisar los medios y finalidades que animan nuestra política continental antes de que sea demasiado tarde. El futuro de Europa no depende sólo de los números, sino de un conjunto de valores que por desgracia estamos empezando a relativizar.

http://eurasianet.es/2015/06/homofobia-y-europeismo-en-ucrania/#cite=48:1:Duj,51:135:1jn

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