ARMENIA: DE LA TRAGEDIA AL PRESENTE

Armenia, la primera nación del mundo en convertirse oficialmente al cristianismo, también fue pionera en sufrir los horrores del siglo XX. Las tensiones entre turcos y armenios venían de lejos, pues las autoridades otomanas ya habían cometido matanzas en 1894, 1896 y 1909. Al estallar la Primera Guerra Mundial, la rivalidad entre Estambul y Moscú que ya enfrentó a ambos imperios en Crimea, volvió a reavivarse. Este contexto bélico proporcionó el marco perfecto para llevar a cabo una insurrección nacionalista en la ciudad armenia de Van, aprovechando además la presión de las tropas zaristas en la frontera nororiental de Turquía. Temiendo por su integridad territorial, las autoridades turcas planearon la deportación forzosa de grandes contingentes de población armenia hacia Siria y Mesopotamia. Así dio comienzo en la primavera de 1915 una de las grandes tragedias de nuestro tiempo. Las marchas agotadoras, los malos tratos e incluso el confinamiento en campos de concentración, se cobraron la vida de de millón y medio de personas aproximadamente.

                Con motivo del centenario de aquellos hechos, el pasado 24 de mayo tuvo lugar en las afueras de Ereván (capital de la República de Armenia), una ceremonia a la que acudieron entre otros Vladimir Putin y François Hollande. Por un lado se trató de un homenaje a las víctimas de un holocausto que a día de hoy sigue dividiendo a la comunidad internacional, pero también escenificó el nuevo liderazgo de Rusia en la región, puesto que Armenia ha sido objeto de deseo tanto de la Unión Europea como de la Unión Euroasiática. Hace apenas siete años, el 26 de mayo de 2008, Bruselas presentó en sociedad un ambicioso proyecto llamado Asociación Oriental de la Unión Europea. Superados los conflictos que se desataron en los Balcanes entre  1991 y 2001, y habiendo incorporado con éxito a los estados del antiguo Telón de Acero entre 2003 y 2007, nuestros esfuerzos se centraron en ocupar un lugar destacado en el espacio post-soviético. Hasta aquel momento solo Lituania, Letonia y Estonia habían abrazado la Europa occidental en detrimento de la CEI, por lo que llegaba el momento de establecer nuevas relaciones con países como Bielorrusia, Moldavia, Ucrania, Georgia, Azerbaiyán y naturalmente, Armenia. Esta segunda fase de la ampliación al este consiste en un acercamiento gradual, basado en aspectos económicos y geoestratégicos, aunque sin renunciar a futuribles incorporaciones. Sin embargo las cosas no iban a trascurrir con la agilidad o el automatismo de décadas anteriores.

                El caso armenio es el más ilustrativo, tanto por su desarrollo como por su resultado. Las relaciones bilaterales entre la UE y el país caucásico se remontan a la firma del acuerdo de asociación y cooperación en 1996, texto que también fue suscrito por Georgia y Azerbaiyán, país este último con quien los armenios libraron una guerra entre 1991 y 1993. En mayo de 2004 los mismos estados fueron incluidos en la Política Europea de Vecindad, que se centraba fundamentalmente en la regulación de flujos migratorias, mientras que al año era el propio gobierno armenio quien diseñaba el “Plan de Acción para Armenia” a fin de estrechar sus relaciones con Bruselas. No obstante esta progresión tenía un confuso reflejo social, pues a pesar de las buenas relaciones institucionales se apreciaba cierta división en la opinión pública entre defensores y detractores de la opción europeísta. Desde luego no podía pasarse por alto la existencia de un pasado común dentro de la Unión Soviética o la presencia de una base militar rusa en la ciudad de Gyumri, la segunda más grande del país. Precisamente por ello en 2007 empezaron a sonar las primeras notas discordantes, con la negativa del entonces presidente Robert Kocharian a entrar en la OTAN. Las elecciones del año siguiente situaron al pro-ruso Serzh Sarsián en la presidencia, complicando más si cabe el futuro de las negociaciones. A medida que el proceso avanzaba se hacían más evidentes las contradicciones: ¿Hasta qué punto puede haber un acercamiento con Armenia, teniendo al mismo tiempo buenas relaciones con sus principales adversarios en la región (Turquía y Azerbaiyán)? ¿Cómo lograr un acuerdo de libre comerco con un país cuyo mayor proveedor y mejor cliente es Rusia? A pesar de que las negociaciones parecían seguir su curso, todo terminó en septiembre de 2013. Bastó una reunión entre Sarsián y Putin en el Kremlin, para echar por tierra años diálogo e incorporar a Armenia al proyecto euroasiático capitaneado por Rusia.

                Como ocurriera en la Ucrania de Yanukovich, la influencia del viejo amo fue más eficaz que cualquier esmero diplomático. Mientras hemos tenido que hacer frente a los rigores de la crisis y discutido sobre el modelo de gobernanza que necesitamos para el futuro, Rusia ha regresado al tablero internacional. Países como Armenia vuelven a ver en Moscú un aliado poderoso, por lo que la posición de la UE en la región pierde consistencia. Así pues, la presencia de Vladimir Putin en las celebraciones de Ereván fue una verdadera toma de posesión, y la prueba palpable de que vivimos un fin de ciclo.

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