UCRANIA : CAMINO A LA PAZ

Tras casi un año de conflicto, la actualidad vuelve a llevarnos a Ucrania para detener un tragedia que ha provocado más de 5.000 muertos y un 1  millón de refugiados. El continente, por ahora, vuelve a respirar tranquilo.

       Uno de los termómetros más esclarecedores de la actual situación lo tenemos en la subida de la maltrecha bolsa de Moscú, o en los comentarios que se han sucedido en la prensa rusa. Satisfecha en general con el acuerdo alcanzado en Minsk, nos hace ver una realidad que si bien no ha pasado desapercibida, ha sido objeto de una atención menor. Algunas informaciones ponen el acento en una supuesta división político-institucional que tan gráficamente se ha plasmó en la capital bielorrusa. Teniendo en cuenta el fracaso diplomático de Bruselas entre finales de 2013 y principios de 2014, puede entenderse que el relevo por parte de Francia y Alemania era necesario desde un punto de vista estratégico. No obstante los riesgos de este movimiento son evidentes. De un lado cualquier turbulencia que se produzca en la hoja de ruta prefijada, podría dañar seriamente el liderazgo de Hollande o Merkel en sus respectivos países, por otro, desacreditaría por completo a la Unión Europea como actor relevante en el ámbito internacional. He aquí la clave más importante de cuanto ha sucedido en las últimas semanas. A pesar de los citados peligros, se advierte claramente una apuesta para que Europa occidental recupere la centralidad en el continente frente a la estrategia transatlántica. No en vano el primer secretario del Partido Socialista francés Jean-Christophe Cambadélis, afirmó el pasado 11 de febrero: “La UE puede tener una posición diplomática común sin la ayuda de nuestros amigos americanos”. No obstante el propio Barack Obama apremió a Putin a aprovechar la oportunidad que se le brindaba.

       La diferencia de criterio entre Estados Unidos y determinados países europeos, fundamentalmente Alemania, se han dejado notar fundamentalmente en la política sancionadora. Para Washington es mucho más sencillo adoptar medidas restrictivas o incluso proponer un rearme generalizado del ejército ucraniano, puesto que su dependencia de Moscú es nula, precisamente por ello sus políticas se han basado más en la disuasión que en la solución política del conflicto. Para los habitantes de Europa la lucha en Lugansk y Donetsk se ha vivido de una manera diferente. La inquietud no es solamente económica, debido al imprescindible abastecimiento energético que nos llega desde el este, sino también política, pues la generalización de una guerra contra un oponente muy superior no conducía a ninguna parte. Llegados a este punto, París y Berlín han decidido retomar la iniciativa perdida tras el derrocamiento de Yanukovich, y jugar la última carta que nos quedaba como potencia (o suma de potencias). El único inconveniente es que para lograr este acuerdo hemos dejado ver nuestros puntos débiles, nuestras pequeñas fisuras a la hora de tomar decisiones, proyectando una imagen de cierta desunión entre Estados Unidos y la Unión Europea, así como entre los propios socios europeos. Vladimir Putin, un auténtico especialista en aplicar la teoría del “divide y vencerás” podría tratar de sacar ventaja de esta debilidad en el futuro. ¿Habremos dado un mal paso, para lograr un buen acuerdo? La gran ausente de la cumbre que propició la paz, la responsable de política exterior de la UE Federica Mogherini, ha declarado recientemente: “Minsk II es un buen paso, pero no soluciona el problema”. Si bien es cierto que se muestra esperanzada ante el alcance político del documento pactado, continúa mostrándose partidaria de mantener las sanciones a Rusia en tanto en cuanto no se vayan cumpliendo los puntos acordados.

      Desde luego el de Minsk es un documento mucho más completo y efectivo que el suscrito en Ginebra en abril del año pasado. En la presente ocasión estamos hablando de un completo sistema de reparación, reforma y elecciones, cuya consistencia pueden dar sus frutos. No obstante Rusia consigue muchos de sus objetivos, y esto tampoco conviene perderlo de vista. De momento ha logrado sacar a Crimea de la ecuación, ha frenado las ansias independentistas de los rebeldes para que sigan influyendo desde dentro en la política ucraniana, y lo que es más importante, impone la federalización del estado. Para redondear su victoria, logra paralizar la presumible entrada de Ucrania en la OTAN. En este empate técnico que Moscú gana a los puntos, los grandes perdedores son los ucranianos. Embarcados en un cruzada insostenible y soportando cuantiosas bajas, sus decisiones soberanas han sido ensombrecidas por las necesidades de la geopolítica mundial. Además de perder territorio y tener que tragar con una fórmula federal que la Rada ya rechazó a principios de mayo de 2014, el país se encuentra en una situación económica muy difícil. El FMI ha tenido que poner un rescate de 15.500 millones de euros a cambio de unas contrapartidas que seguramente serán fuente de conflictos sociales en el futuro… Puede afirmarse que la falta de alternativas reales y la imposibilidad de prolongar esta situación en el tiempo, han precipitado unos acontecimientos cuyo punto final aún no ha llegado.

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