LA OTRA UNIÓN

A pesar de la disolución de la URSS, en Rusia y otras repúblicas cercanas ha pervivido cierto criterio unionista. El primer paso fue la creación de la CEI a finales de 1991, una comunidad incapaz de estructurar el espacio post-soviético. Pero desde el 1 de enero de 2015 un segundo proyecto se dispone a construir una Unión Económica Euroasiática. Tres son los países que originariamente alumbraron este proyecto, Rusia, Bielorrusia (quien ha mostrado algunas discrepancias) y Kazajistán, mediante la formalización de un tratado el pasado 29 de mayo. Además Kirguistán firmó su ingreso automático el 23 de diciembre, mientras que Armenia se incorporará el 2 de enero. Lejos de aquellas quince repúblicas que se contaban al final del periodo soviético, en especial Ucrania, este nuevo espacio político-económico nace con una vocación de permanencia.

            Al igual que ocurriera con la Unión Europea, se trata de estados que ya tenían relación entre sí antes de su incorporación a la UEE, por lo que el surgimiento de ésta es una novedad solo a medias. Se trata fundamentalmente de un área rica en recursos naturales. Rusia atesora importantes reservas de gas y petróleo, Kazajistán de uranio, oro y plata además de combustibles fósiles, y Kirguistán de carbón, uranio y oro. En un segundo nivel estarían Bielorusia y Armenia, cuyo valor es más estratégico que económico. Para Moscú el estado bielorruso, que basa su deficitaria economía en la producción agraria y ganadera, supone un tapón frente al avance geográfico de la Unión Europea. Armenia se encuentra en mejores circunstancias que Bielorrusia, gracias a una economía diversificada en industria, construcción y agricultura. Sin embargo su posición estratégica en el Caúcaso y su eterna rivalidad con los estados túrquicos de Azerbaiyán y Turquía, le convierten en una pieza muy apetecible. Solo entre los estados fundadores hablamos de cerca de 200 millones de habitantes, un mercado inmenso cuya adecuada estructuración puede dar la vuelta a la economía regional. Por otro lado este bloque seguirá beneficiándose de los crecientes intercambios con el resto de los BRICS, elevando las expectativas económicas de la Unión. Su impacto es de tal magnitud que países como Irán o Vietnam están interesados en formar parte de este club.

            La política es otra de los activos que encontramos en la UEE. Rusia logra acotar sus nuevas fronteras con estructuras claras y definidas que la protejan de nuevas sorpresas, mandando además una clara señal a sus rivales. En la actual coyuntura de sanciones y contra-sanciones, parece un movimiento de enroque frente al expansionismo que viene de Bruselas. No obstante este deterioro bilateral entre el este y el oeste, no parece reproducirse en el caso kazajo. Las buenas relaciones del presidente Nazarbáyev con Estados Unidos o la Unión Europea, se basa fundamentalmente en las riquezas de su subsuelo. Como en el caso de Rusia, Occidente es un magnífico cliente que aporta la mayor parte de los ingresos, ayudando además al desarrollo industrial del propio país. ¿Puede el bolsillo debilitar la apuesta estratégica de la Unión Económica Euroasiática? Precisamente por ello se busca con premura mercados alternativos en Asia, África y América. En lo que no cabe ninguna duda es en su compatibilidad político-institucional, pues en todos los casos se trata de regímenes autoritarios dónde la calidad democrática es más que discutible. Incluso Moscú y Astaná persiguen conjuntamente a sus disidentes, algo que nos toca de cerca con el caso del opositor Alexander Pavlov refugiado en España. Armenia también cuenta con una democracia de perfil bajo pero sin llegar a los límites de Bielorrusia, donde el presidente Lukashenko brilla por su despotismo.

            El tercer puntal de esta nueva entidad, es su posible conversión en una potencia militar de nivel mundial. Aunque se trate de un conjunto de economías frágiles que no terminan de optimizar sus recursos naturales ni de estabilizar la confianza de sus mercados, poseen una ambiciosa agenda política que tarde o temprano necesitará ser defendida por las armas. Ucrania no es sino una advertencia de lo que puede ocurrir si la disuasión actual no resulta suficiente efectiva. Además la Unión Económica Euroasiática también compite por la hegemonía político-comercial en el Pacífico, por lo que conviene tener las espaldas bien cubiertas. Vladimir Putin sigue sacando pecho a pesar de la crisis económica por la que atraviesa, adoptando una pose más agresiva y amenazadora. Señalando a la OTAN como una de sus principales amenazas, y sin dejar de invertir en su industria armamentística, es fácil deducir que lo que comenzó como alianza económica acabará como alianza militar. En efecto, como se lee en el nuevo documento emitido por el servicio de prensa del presidente Putin el 19 de diciembre:  “la Federación de Rusia se reserva el derecho a utilizar armas nucleares en respuesta a ataques con armas nucleares u otras armas de destrucción masiva en contra de Rusia y/o de sus aliados”. De este texto se puede deducir la voluntad de crear un sistema de cobertura militar conjunto para los “aliados” de Rusia, que no pueden ser otros que sus compañeros de viaje de la UEE.

            La recombinación de esta parte del solar europeo tiene tantos desafíos como posibles beneficios, y precisará de una gran habilidad para encontrar su sitio/equilibrio en el mapa global… La creación de la Unión Económica Euroasiática marcará el rumbo del siglo XXI.

http://www.nuevatribuna.es/articulo/mundo/otra-union/20141227214443110751.html

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