REPRESIÓN Y CENSURA EN KAZAJISTÁN

Durante los últimos años la dinámica globalizadora ha favorecido el surgimiento de importantes centros regionales, que desde los denominados BRICS hasta los MITS, jalonan el paisaje de la nueva economía. A todo ello debe sumarse la reorganización del espacio post-soviético entorno a la Unión Eurasiática, estructura de la que nuestro protagonista forma parte. En efecto, el pasado 29 de mayo Kazajistán firmaba su adhesión a dicho proyecto junto con Rusia y Bielorrusia. No obstante bajo la brillante pátina de prosperidad, se esconden otro tipo de realidades que cuestionan este modelo de crecimiento “emergente”.

            Tras la caída de la Unión Soviética, el Estado kazajo ha disfrutado de una “estabilidad” política con el mandato ininterrumpido de Nursultán Nazarbáyev. Fue Presidente del Consejo de Ministros de la Kazajistán en 1984, Primer Secretario del Partido Comunista de Kazajistán en 1989, y Presidente del Soviet Supremo de la República en 1990, experiencias todas ellas que le sirvieron para asir la batuta del poder hasta el día de hoy. Pero lo que confiere verdadera relevancia a esta biografía, es que atañe a un país poseedor de importantes recursos naturales. En el subsuelo kazajo dormitan riquezas tales como gas, petróleo, zinc, plata, uranio, plomo y oro, y como es natural se han convertido en un polo de atracción para la inversión extranjera. Conscientes de este potencial, las autoridades locales han puesto especial empeño en permitir la entrada de capital foráneo, mejorando su competitividad y situando la tasa de crecimiento anual entrono al 7%. Además, debido a su posición estratégica entre Rusia y China, Kazajistán se ha convertido en el trampolín perfecto para acceder a ambos mercados. Para el analista y experto en relaciones internacionales Parag Khanna, dicha región se ha convertido en la “Nueva Ruta de la Seda”. Ni siquiera España ha podido resistirse a las promesas de un mercado que se presenta como refugio seguro frente la crisis de la Zona Euro. El sector ferroviario y textil entre otros, han encontrado acomodo en esta prometedora tierra. Basta decir que el pasado 21 de junio aterrizó en el aeropuerto de El Prat de el primer vuelo que unirá de forma regular Barcelona y Almatý (la ciudad más poblada de Kazajistán).

            Sin embargo, este acelerado desarrollismo que tanto cautiva a los organismos internacionales, está seriamente descompensado. La llamada macroeconomía enmascara una realidad restrictiva en la que derechos y libertades son ninguneados. A finales de 2011 una huelga en el sector del petróleo que se declaró en el oeste del país, acabó con la vida de aproximadamente 70 manifestantes después de que las fuerzas de seguridad abrieran fuego sobre una pacífica multitud. Este hecho resulta particularmente notable, no solo por su carácter luctuoso sino por la persecución que desató contra aquellos medios que trataron de informar sobre el suceso. Un total de 8 periódicos y 23 páginas web fueron clausurados. Algo semejante ocurre con aquellos investigadores que tratan fiscalizar las actividades del gobierno y denunciar la corrupción, pues sus iniciativas son sistemáticamente frenadas por un sistema legal que garantiza la opacidad. Es el caso de la Ley de Comunicación reformada por el parlamento en abril de este año, que da poderes al Fiscal General para suspender la actividad de medios de comunicación sin necesidad de orden judicial. No es de extrañar que Kazajistán ocupe el puesto 161 de un total de 180 países en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa de 2014 publicada por Reporteros sin Fronteras. También Amnistía Internacional ha dejado constancia de esta situación a través de sus denuncias, que abarcan desde el uso excesivo de la fuerza, la tortura y los malos tratos, hasta los juicios sin garantías o la falta de libertad de expresión. En el ámbito europeo existen fundaciones como Open Dialog, que vienen denunciando esta situación. Su informe “Los medios independientes y de oposición en Kazajistán están al borde de la aniquilación”, muestra en toda su dimensión el nivel de censura y persecución que se vive en el país.

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           Desgraciadamente el juego de equilibrios internacionales no contribuye a mejorar esta situación. Los intereses concretos que Occidente tiene en Kazajistán son demasiado cuantiosos como para interceder en favor de una mayor democratización. Un ejemplo: la Unión Europea consume más del 40% de las exportaciones kazajas. A ello hemos de sumar la citada adhesión a la Unión Eurasiática, haciendo de Rusia no solamente en un socio económico sino un cómplice en la represión. Vladimir Putin se ha comprometido a perseguir a aquellos medios críticos que se habían refugiado en el sistema legal ruso para continuar informando tras el cese de actividades en Kazajistán. Este ha sido el caso de Respublika, una cabecera que comenzó su andadura en 2000 y que ha tenido que cambiar hasta 7 veces de nombre para poder proseguir su labor. A la vista de las circunstancias, Respublika trasladó su editorial a Rusia así como su página web, la cual fue bloqueada en 2008. No obstante la sintonía existente entre Astaná y Moscú hizo caer al citado medio en territorio ruso, subsistiendo en la actualidad gracias a un alojamiento web norteamericano. Pravda Kazakhstana, Tribuna o Assandi Times, son los nombres de otros casos similares que permanecen igualmente ocultos para el gran público. Tras una pantalla de hábil propaganda Nursultán Nazarbáyev seguirá siendo un presidente innovador y visionario, pero ¿Quién puede enfrentarse a este coloso? Personas como Tamara Simakhina, abogada defensora de redactores y propietarios de medios de comunicación, Irina Petrushova, periodista independiente, o Muratbek Ketebayev, ex-viceministro de Economía,  han sufrido y sufren persecución por denunciar todo aquello que el gobierno pretende ocultar.

            La solución pasa indefectiblemente por ejercer una presión constante sobre el régimen de Nazarbáyev, a fin de lograr el libre ejercicio de los derechos más básicos. En esta estrategia las naciones europeas tienen mucho que decir, pues sus excelentes relaciones comerciales pueden servir de palanca para lograr avances significativos. Desgraciadamente los precedentes al respecto no son nada optimistas. En España el opositor Alexnader Pavlov se encuentra encarcelado en virtud de un insólito acuerdo bilateral de extradición firmado en 2013, único en la Unión Europea. Pese a que su entrega ya ha sido aprobada por el Consejo de Ministros, un recurso mantiene paralizado dicho proceso. En Italia, la mujer y la hija del líder opositor Muktar Ablyazov fueron igualmente detenidas el año pasado, siendo entregadas poco después a Kazajistán gracias a turbias presiones diplomáticas… ¿Hasta cuándo seguiremos siendo espectadores de esta situación? Disponemos de las herramientas adecuadas y el tiempo corre a nuestro favor,  solo nos falta lograr la voluntad política suficiente para empezar a transformar (para bien) la situación del pueblo kazajo.

http://espacio-redo.es/el-mundo-encambio/represion-y-censura-en-kazajistan/

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